Todos los de mi generación hemos oído hablar a nuestros padres y abuelos sobre la escandalosa educación sexual que recibieron durante su infancia o adolescencia. La hipocresía y metodología antinatural, los conceptos arcaicos, machistas, patriarcales y nocivos a los que eran sometidos constantemente. Siempre bajo la amenaza de la condenación infernal y el sometimiento a la culpa y la moral católica. Una suerte de educación sexual que por lo menos a mi me resulta una aberración increíble y que con el paso de los años y la llegada de la democracia paso a ser una mera anécdota incluso en los colegios religiosos donde el tema, hipócritamente, se evitaba para evitar abordarlo en estos mismos términos tan escandalosos.
La gente de mi generación nos podemos considerar relativamente afortunados ya que no hemos sido sometidos a ese adoctrinamiento tortuoso por parte de la iglesia católica ni siquiera por nuestros padres, que evidentemente liberados también de esos conceptos los han repudiado. Digo relativamente afortunados porque a pesar de lo anterior si permaneció la impronta de rechazo social y moral a hablar de sexo, a dar una educación sexual. De ese pozo no ha sido posible librarse para las generaciones anteriores. A pesar de ello el levantamiento de la prohibición trajo una buena cantidad de literatura al respecto y en los últimos años incluso programas en los que profesionales y educadores aportaban bastante a esto de la educación sexual, y además con notable éxito. Por tanto somos relativamente afortunados ya que quien se ha empeñado en ello ha podido informarse sin tener que pasar por la vergüenza y la clandestinidad tanto moral como legal.
Solo cabria esperar que nosotros con nuestros hijos hiciésemos todo el trabajo que no se llevo a cabo en su día y nos tomásemos la molestia de proveerles de una educación sexual a la altura de las circunstancias: seria, responsable, con conocimiento de lo que se van a encontrar, sin represiones morales ni ideas preconcebidas, basada en el respeto y la satisfacción de las necesidades sexuales de los individuos, no contra ellas. Pero podría darse el paradójico caso de que una parte de esa nueva generación nunca reciba esta educación sino que vuelva a los oscuros tiempos de la época franquista en los que masturbarse era pecaminoso y perjudicial para la salud. Una paradoja anacrónica que yo hasta hace unas horas creía imposible en nuestra sociedad.
Resulta que en Valencia (donde cojones sino) y Mallorca la iglesia católica volverá a impartir clases de educación sexual en los colegios religiosos y parroquias, según ellos desde una bases antropológicas cristianas y morales. El programa no carece, como dios manda, de una buena ración de hipocresía, moralina, culpa y viejas prohibiciones. Elaborado por una tal Concepción Medialdea, miembro del IVAF (Instituto Valenciano de Fertilidad, Sexualidad y Relaciones Familiares) y llamado “SABE”. Esta señora parece tener en su haber declaraciones tan graciosas que no me he resistido a comentarlas:
- La masturbación es un vicio o defecto a evitar. Por eso dios te ha dado unos genitales y una mano sin que ambos dispongan de una fuerza opuesta como dos polos iguales de un imán. Sera un fallo de diseño inteligente.
- La homosexualidad es una disfunción. La única disfunción que se puede dar en esto es la eréctil y la vaginitis. Todo lo demás si entre es evidentemente funcional.
- El sexo solo tiene por propósito procrear. Lo de procrear está bien, pero todos sabemos ya que como actividad de ocio y tiempo libre lo supera con creces. Es barato, sano y entretiene durante horas. No hace falta ser un experto para darse cuenta y sobre todo no hace falta ser un experto para practicarlo, basta con una educación sexual básica y ganas de aprender.
- Se debe esperar al matrimonio para realizarlo. Al matrimonio católico por supuesto. Esto es una excelente manera de aumentar el paupérrimo numero y siempre menguante de gente que pasa por la vicaria, vale incluso para un aquí te pillo aquí te mato.
- Ningún método anticonceptivo es 100% seguro, por tanto no se deben usar. Tampoco está demostrado ni siquiera al 1% que rezar sirva de algo y todos sabemos que los curas católicos ponen un empeño en la cuestión más propio de una orgia.
Con semejante ideario el programa que haya podido realizar esta mujer no creo que se salga mucho de las líneas maestras del pensamiento reaccionario, machista, patriarcal y anacrónico del que parece hacer gala a pesar de su notable formación académica en el campo de la salud. Lo que viene a demostrar dos conceptos que todo el mundo debería tener claro ya:
- Lo de estar malfollado o malfollada es contagioso. Son gente poco recomendable y que puede llevarte a arruinar tu vida sexual en un abrir y cerrar de ojos.
- Tener un título universitario no es ni difícil ni por supuesto te convierte en una persona responsable y sabia. Es solo un titulo, papel mojado.
Entre otros datos preocupantes en la ya poco halagüeña noticia de las clases de educación sexual impartidas por la iglesia están las edades a las que van dirigidas: de 5 a 14 años. Y por supuesto con clases prácticas y teóricas. Me pregunto si estas clases serán impartidas por personal distinto o por los propios curas con todo el peligro que eso supone para los chavales. Sí, la idea que trato de trasmitir ni siquiera necesita mucha demagogia para que cale en el lector, todos sabemos de qué pasta están hechos los curas. Y aun siendo generosos, excesivamente generosos, respecto a los prejuicios que me asaltan al unir en la misma frase las palabras “cura” y “sexo” uno no puede dejar de preguntarse qué puede saber un señor que no ha mojado el churro en su vida sobre sexo, aunque sea con un libro didáctico en la mano. Se da la misma situación que si mi abuela agarrase una guía sobre mecánica y automoción e intentase reparar un coche de fórmula uno. Esto no es como la física teórica, miren. Hay que mojarse, en el más amplio sentido de la expresión, para saber de lo que se está hablando, entre otros motivos porque en lo concerniente al sexo no hay reglas estándar y cada persona parece ser auténticamente genuina respecto a los demás.

El resultado de esta educación sexual solo puede ser el ya conocido, lo hemos visto en muchas veces, una generación de gente frustrada sexualmente, incapaz de encontrar placer, con miedo constante ante la perspectiva de todo lo que tenga que ver con el sexo. Y lo que es peor aún, una generación de personas indefensas ante los riesgos y enfermedades de trasmisión sexual, irresponsables para con el resto de la sociedad y con los hijos que tendrán.
En definitiva la iglesia católica harta de mirar para otro lado en cuestiones de materia sexual e incapaz de dar un paso hacia delante ha preferido, porque en realidad solo conocen un camino, ir hacia atrás. La gente tiene derecho a recibir una educación sexual, no una burla sexual como esta que además cuenta con el apoyo de la consejería de educación de la comunidad Valenciana. Todo esto es tan ridículo como Lucia Lapiedra con las bragas subidas enseñando a rezar el rosario.
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